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Mi Segundo Contrato: La Realidad de la Vida Abordo, desde mi Punto de Vista.

Writer: Cecy Del Razo
Cecy Del Razo
Oct 20
5 min read

¡Hola! Como siempre, espero que se encuentren muy bien, disfrutando de la vida y persiguiendo sus sueños.


El otro día estaba revisando mis recuerdos de Facebook cuando apareció un video de 2009. Al verlo, me sacó una sonrisa, pero también me trajo muchos recuerdos: recuerdos de aquel contrato, mi segundo contrato con la compañía. Recuerdo que empecé ese contrato con la ilusión de conocer lugares nuevos, olvidar a alguien y conocer gente nueva. Aunque suene triste pero cierto, también tenía la esperanza de tal vez cruzarme con alguien de mi pasado, mi primer amor de verdad o que yo creia era, en lo cual obviamente estaba equivocada (pueden leer sobre eso en un post anterior llamado ¿Príncipe Azul?).


Deben saber que el contrato no salió 100 % como lo tenía planeado. Sí conocí gente nueva e hice amistades, y sí llegué a ver lugares nuevos, pero también me tocó trabajar en un ambiente algo tóxico y lleno de estrés. Y sí, tal vez yo era inmadura y no veía el panorama completo, además de que cargaba con muchas tonterías en la cabeza.


El segundo contrato nunca es igual al primero. Para mí, y estoy segura de que para la gran mayoría, el primer contrato siempre es el mejor. ¿Por qué? Bueno, porque no sabes nada, Jon Snow, ¡jajaja! Llegas con los ojos llenos de ilusión, todo es nuevo y, si te toca un gran equipo de trabajo, ya tienes todo ganado.


Yo esperaba lo mismo de mi segundo contrato, aunque, como muchos de nosotros en la tripulación, al principio decía que solo iba a hacer un contrato (el chiste se cuenta solo: ¡no fue así!). Si no me equivoco, el primer Cruise Director que tuvimos en ese barco era un hombre de Canadá que, para ser honesta, hacía sentir que el contrato iba a ser increíble. Él tenía, y sigue teniendo, una habilidad asombrosa para entretener y ganarse el cariño de los pasajeros, lo que le facilita la vida a todo el mundo porque sus ratings siempre eran altísimas. Recuerden además que en esa época yo formaba parte del Cruise Director’s Staff (el equipo de animación), así que mi vida era relativamente sencilla. Creo que tanto el Cruise Director’s Staff como el Activities Manager disfrutamos de una muy buena etapa del contrato con él, pero luego terminó su contrato, desembarcó y todo cambió; lamentablemente, no para bien.


Llegó el relevo para el puesto de "nuevo Cruise Director" —y digo "nuevo" porque yo nunca había trabajado con esta persona antes, pero ya traía cierta reputación y, por desgracia, no era buena. Debo confesar que hoy me da un poco de vergüenza haber emitido un juicio en aquel momento, porque en ese entonces yo no conocía, o, mejor dicho, no comprendía, el nivel de estrés por el que esta persona estaba pasando.


La vida en los barcos no es para cualquiera. Estás lejos de tu familia y amigos, trabajando durante seis u ocho meses seguidos sin un solo día libre. No hay a dónde escapar y, aunque SIEMPRE tienes gente alrededor, puedes llegar a sentir mucha soledad. Lo que intento decir es que necesitas tener bastante estabilidad emocional, o al menos estar en sintonía con tus emociones. No digo que el trabajo no tenga su lado positivo; simplemente digo que hay que tener preparación mental para afrontarlo, porque más que una forma de ganarse la vida, es un estilo de vida.


En ese momento de mi vida yo estaba relativamente bien, pero cuando llegó quien asumió el puesto de Cruise Director, tanto el trabajo como la convivencia se volvieron bastante difíciles. En aquella época todavía no existía en los barcos la normativa de la OIT (ILO), que es la regulación que controla cuántas horas trabajan los tripulantes y, sobre todo, cuántas horas descansan.


El Cruise Director anterior tenía calificaciones excelentes y sabía llevarse bien con todo el mundo (y lo sigue haciendo), especialmente con el Hotel Director. Cuando llegó esta nueva persona al puesto de Cruise Director, las calificaciones cayeron en picada, de verdad muy bajo. Eso generó muchísima presión desde arriba, lo que a su vez puso bajo muchísimo estrés a su equipo directo, como el Activities Manager. Recuerdo que él ya no sabía qué más hacer para ayudar con el programa.


Se agregaron reglas nuevas: por ejemplo, todo el Cruise Director’s Staff tenía que asistir a las fiestas temáticas nocturnas, que empezaban alrededor de las 11:00 p. m. y terminaban cerca de la medianoche, y luego todo el equipo tenía que estar haciendo gangway (control de flujo de pasajeros en la pasarela) a las 6:00 a. m., cuando casi no había pasajeros despiertos.


No voy a mentir: no estábamos descansando bien. Las jornadas eternas de día sumadas a las trasnochadas nos tenían agotados y de mal humor, lo que hacía difícil llevarnos bien entre nosotros. Si a todo eso le sumamos que yo venía con el corazón roto de mi contrato anterior, la verdad es que me estaba hartando y cayendo en un estado de ánimo bastante depresivo.


Intentamos pedirle al Activities Manager que hablara con quien ocupaba el puesto de Cruise Director, pero esta persona no quería escuchar razones; lo único que quería era subir los ratings, mientras nosotros estábamos agotados y, lamentablemente, no estábamos de su lado.


Para ser sincera, con los años llegué a comprender la frustración y probablemente la desesperación que vivió esta persona. Reemplazar al Cruise Director canadiense definitivamente no era tarea fácil; si a eso le sumas al Hotel Director y a la oficina central (Head Office) pidiendo informes constantes y explicaciones de lo que estaba pasando, el nivel de estrés debió haber superado cualquier límite. Aun así, sigo sin aprobar los métodos que utilizó, ya que las calificaciones no subieron y nosotros simplemente estábamos exhaustos.


Llegado ese punto, como mencioné, el cansancio y la tristeza me superaron. Estaba harta, sentí que tenía que renunciar y lo hice. De alguna manera, me convencí a mí misma de que necesitaba volver a casa y conseguir un "trabajo normal".


Cuando decidí renunciar, todavía recuerdo la reacción del Activities Manager. Estaba triste; creo que en cierta forma sintió que había fallado como jefe, pero, para ser honesta, fue excelente e hizo todo lo que estuvo a su alcance con la autoridad que tenía.


Mirando hacia atrás, quien ocupaba ese puesto de Cruise Director no era —ni es— una mala persona; simplemente estaba bajo una presión inmensa. Años más tarde volví a coincidir con esta persona cuando me tocó trabajar a su cargo como Activities Manager, y su actitud era totalmente diferente: transmitía más calma, tenía más experiencia y sabía cómo mantenerse firme en su lugar. Tiempo después me enteré de que, además del estrés laboral durante aquel contrato, también estaba atravesando problemas sentimentales. Seguramente sintió una soledad enorme, muchísima soledad.


No voy a mentir: aun con todo, tuve momentos lindos en ese contrato, conocí amistades increíbles y vi lugares hermosos que no conocía, pero mi mente no estaba bien, y tener la mente en un buen lugar en ese tipo de trabajo lo es todo. Tuve que irme e intentar encontrar el camino de regreso a mí misma. Sé que no estaba pasando nada grave, pero cuando la mente te juega malas pasadas, cuesta mucho ver el lado bueno de las cosas.


Cuídense siempre mucho, quiéranse y busquen siempre a alguien con quien hablar.


P. D.: Hoy en día, a esa persona le va excelente como Cruise Director y me alegro muchísimo. Le deseo todo lo mejor; llegó hasta lo más alto y aprendió a enfrentar el estrés y los miedos de este trabajo. :)

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