Amor, Un Rayo de Luz
- Cecy Del Razo
- Apr 7
- 6 min read
Esta historia la escribí cuando tenía 15 años, y hasta el día de hoy es una de mis favoritas. La inspiración vino de un sueño. Así como lo leen: una noche me fui a dormir y soñé con una chica (imagino que era yo) y un chico que moría. Recuerdo que llegué a la preparatoria y le conté el sueño a mis mejores amigas de aquel entonces, Diana y Caro. Como son las mejores, me animaron a convertir mi sueño en una historia. Ellas sabían cuánto me encantaba escribir, así que seguí su consejo. La escribí, la leyeron y les encantó.
Con el paso del tiempo, envié esta historia a un concurso de cuentos cortos. El certamen era para historias en inglés, así que la adapté, pero debo confesar que me gusta más mi versión en español... ¡tiene más feeling, jajaja! En la universidad, adaptamos esta misma historia a una radionovela, y el tema que supuestamente cantaba Luisa era la canción de Eydie Gormé y Los Panchos, 'Historia de un amor'.
Bueno, espero que les guste la historia. ¡Que la disfruten y gracias por leer!"

Recuerdo todo como si hubiera sido ayer, aunque todo sucedió en 1950. Bueno, empezaré con mi historia y espero que les llegue al corazón.
Era una hermosa mañana de junio. Yo ya había cumplido 16 años, me sentía realizada, sentía que podía comerme el mundo y que no necesitaba ayuda, así que me fui de mi casa. Quería realizar mi gran sueño, el cual era ser una cantante, la mujer que todas envidian, ya que en esa época no era tan fácil tener éxito. Ya lo tenía todo planeado, hasta tenía dinero ahorrado. Ahora el siguiente paso era buscar a alguien que me quisiera contratar, pero nadie veía mi talento o me decían que regresara en unos cuantos años, que estaba muy joven.
Ya me había cansado de buscar trabajo; además, el dinero ya se me estaba acabando, así que mi única salida era empezar desde abajo. Fui al cabaret más famoso de esa época, todos lo llamaban "Un Rayo de Luz". Me acuerdo que cuando entré me quedé maravillada. Era tan hermoso ese lugar, pero lo más hermoso, como lo recuerdo, era el dueño. En fin, llegué a pedir trabajo y José Manuel (el dueño) me dijo que le enseñara lo que sabía hacer. Me puse a cantar, él quedó maravillado con mi voz e inmediatamente me dio el trabajo. El único problema que tenía era que yo era menor de edad, pero como él quería que me quedara, me mandó hacer una tarjeta de identificación falsa para no tener problemas. Lo bueno es que me veía más grande con el maquillaje y la ropa que llevaba.
Ya era el momento para mi debut, era el primer día que cantaba. Yo estaba emocionada, mi alegría se notaba a 100 kilómetros de distancia. Claro, también estaba nerviosa, pero Manuel me dijo que yo sería la sensación del lugar, y así fue. Cuando acabé de cantar y bailar, la gente se paró a aplaudirme. No puedo explicar todo lo que sentí en ese momento, fue increíble. Para celebrar, Manuel me invitó a cenar, y creo que desde ese día empecé a sentir una clase de sentimiento por él. A esa edad yo no sabía si era admiración o amor, pero lo que sí sabía era que cuando veía esos ojos negros, me perdía en su mirada.
Pasaron cinco meses y yo seguía asombrando a la gente. Me volví la confidente de Manuel; él me contaba todo lo que andaba mal. Me quedaba a esperarlo hasta que él ya se iba. Era alguien muy cercana a él, y la verdad era muy raro si no me contaba lo que pasaba. Pero una noche me hizo a un lado. Llegaron unas personas muy misteriosas y él me pidió que me saliera. Yo me negué, pero me gritó, así que entendí que me lo decía en serio. Traté de oír lo que decían pero no pude, había alguien cuidando la puerta. Cuando los señores salieron de la oficina, yo entré y le pregunté qué era lo que le pasaba, y solo me dijo que eran cosas que no comprendería. Aunque sí comprendí que él estaba en serios problemas, que estaba muy preocupado, y yo no podía hacer nada para ayudarlo.
Pasaron cuatro años y yo seguía trabajando ahí. Claro que me hicieron ofertas de trabajo para grandes compañías de discos, pero yo no las aceptaba y no me arrepiento de no haber aprovechado esas oportunidades. Yo prefería seguir al lado de Manuel, y ahí fue cuando descubrí que era amor lo que sentía por él.
Era mi cumpleaños y todos los que trabajábamos en "Rayo de Luz" estábamos pasándolo muy bien, cuando un sujeto con un arma en mano entró y llegó buscando a Manuel. Me asusté mucho, pero Manuel nos dijo que no nos preocupáramos. Sin embargo, yo ya conocía esa mirada y vi que tenía un miedo aterrador; era la misma mirada de hace años. Manuel se fue con el señor y yo lo seguí, pero una vez más había un señor alto y fuerte que no me dejó pasar. Los señores salieron y entré corriendo con Manuel para ver qué era lo que pasaba. Cuál fue mi sorpresa al verlo ahí en el suelo; creí que lo habían matado, pero gracias a Dios no. Me acerqué y estaba todo golpeado. Lo tomé en mis brazos y me dijo: "Mi estrella, no te preocupes, todo va a estar bien", pero yo sabía que no. Lo levanté, lo acosté en su sillón y me confesó que estaba muy feliz de que yo no me hubiera ido de su cabaret, y que sin mi apoyo no lo habría logrado. Lo vi a los ojos y le dije que yo no sería lo que soy sin él, y él me respondió: "Entonces creo que nos necesitamos mutuamente".
Ese día dormí en la oficina con él, y cuando desperté me invitó a desayunar. Yo acepté su invitación, y lo mejor fue que se extendió hasta la noche. En la cena él me declaró su amor, y más o menos me dijo algo así: "Desde el día en que llegaste a pedirme trabajo, toda indefensa y nerviosa, me gustaste, pero nunca te lo dije porque eras muy pequeña y yo tenía 24 años. No quería arruinar tu reputación, pero ahora es diferente. Ahora sí puedo decirte que te quiero, Luisa, y que sin ti no podría vivir". Acabó de decir eso y nos besamos. Fue un momento mágico; como la primera vez que me paré en un escenario, fue indescriptible. Regresamos a la oficina de Manuel y todo el lugar estaba destrozado. Ahí fue cuando estallé y le exigí que me confesara lo que me ocultaba, que ya estaba cansada de verlo sufrir, de no poderlo ayudar y no saber qué hacer. Él solo me miró y se puso a llorar, y lo único que pude hacer fue abrazarlo y decirle que lo apoyaba en todo, absolutamente en todo.
Pasó un año y nos casamos. Mucha gente asistió, fue la boda más bella de la época, del siglo, de todos los tiempos. Pasamos una luna de miel maravillosa, sin ninguna preocupación, éramos felices. El cabaret ya era un restaurante y era de los más famosos del país; mucha gente famosa de todas partes iba a comer ahí. Estábamos en el mejor año de nuestras vidas, fue muy hermoso.
Pero todo lo bueno acaba, y a mí se me acabó muy rápido. El mismo señor de hace tiempo regresó y habló como dos horas con Manuel. Cuando el señor salió, Manuel me dijo que empacáramos, que nos teníamos que ir de la ciudad y que el tiempo se le estaba acabando. Yo opuse resistencia y le dije que me explicara lo que sucedía o no iba a ningún lado, pero él me miró con los mismos ojos de terror y me puse a empacar. Ya eran como las 10:00 p.m. y estábamos por salir de la casa cuando sonó el teléfono. Manuel me dijo que me fuera yo sola y que lo olvidara. Como siempre, me negué a dejarlo solo y nos abrazamos. Él decidió irse conmigo.
No puedo seguir contando mi historia, solo espérenme un momento hasta que me calme... Está bien. Íbamos saliendo con las maletas, las subimos al automóvil. Yo ya estaba arriba, pero cuando Manuel ya se iba a subir, vi cómo un auto negro se acercaba y sacaban una metralleta. No, es que no puedo explicar lo que pasó. Empezaron a disparar y ¡le dieron, le dispararon a Manuel! Fue horrible. Salí corriendo del auto y ahí estaba Manuel, estaba moribundo. Me decía que me amaba, que nunca lo olvidara, y me agradeció por existir. Nos besamos; nuestro último beso, mi último beso de amor verdadero. Ahora que recuerdo eso, lo veo como un rayo de luz, y cuando pienso en él, siento que sigue a mi lado, en verdad lo sigo amando.
Pasaron nueve meses y mi hijo nació. Fue un varoncito y le puse José Manuel, igual que a su padre. Yo nunca me volví a casar; me dediqué a manejar el restaurante. Hoy, mi hijo está felizmente casado y tengo tres nietos maravillosos. Ahora, para acabar de contar mi historia, solo me queda agradecerle a Dios por haberme dejado un hijo, el recuerdo más bello de mi amor hacia mi esposo.

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