ELLA
- Cecy Del Razo
- 3 days ago
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Asomada por la ventana de su habitación, podía ver la tormenta. La lluvia caía muy fuerte y era constante; se podía ver a las hojas de los árboles moviéndose y oír al viento lamentándose.
Catalina amaba las lluvias, especialmente cuando había relámpagos. Esa noche, al ver que estaba lloviendo, no pudo resistir la tentación de salir a mojarse. Corrió hacia afuera; se sentía un frío tremendo, pero a ella no le importó, salió y se empapó. Sentía cada gota caer en su cabeza, en sus brazos, en su cara, en ella.
Mucha gente ve las lluvias con miedo o como desgracias, pero a ella la lluvia la hacía sentir libre. Era justo lo que necesitaba esa noche: sentir las gotas de agua y el viento para saber que estaba viva.
Regresó a su casa, se cambió y se preparó un chocolate caliente. Como era su costumbre en días nublados o lluviosos, sacó una pluma y una hoja, se sentó en su escritorio que daba hacia la ventana, vio la tormenta, se dejó llevar por ella y empezó a escribir.
Un rayo cayó cerca de su casa, ocasionando que se fuera la luz. Ya no se podía ver nada hacia adentro, pero fue muy inteligente y prendió una vela, colocándola en el escritorio.
No se veía tan claramente, pero su silueta era hermosa. Se le podía ver medio rostro con la iluminación de la vela; parecía consternada. Definitivamente no había tenido un buen día, pero lo bueno era que escribir la hacía desahogarse, era una escapatoria. Algún día será una gran escritora.
Ha terminado de escribir. Delicadamente guarda el papel y la pluma, se lleva la vela para iluminar su camino, se dirige hacia su cuarto y se pone la pijama cuidadosamente. Ha apagado la tenue luz que la iluminaba y se ha ido a dormir. Como siempre, termina de escribir y se va a descansar; sus pensamientos ya quedaron escritos en un papel. En un papel que antes era blanco y vacío, ella tuvo la delicadeza de escribir en él, de crear vida, de poner sus pensamientos o ideas en una hoja en blanco.
De seguro escribió sobre su día o a lo mejor ya creó alguna historia como es su costumbre, pero lo que importa es que en estos momentos ella está descansando. Está en los brazos de Morfeo; es la única oportunidad que tengo para tenerla tan cerca.
Todos los días llego a su puerta, pero no me atrevo a tocar por miedo a que me rechace, así que siempre tomo la llave que tiene escondida debajo de la maceta. Hoy no será la excepción.
Parado frente a esta puerta busco la llave; es como si me la dejara. Bueno, entro, pero el día de hoy cambiaré mi rutina, tengo curiosidad de saber qué es lo que tanto escribe. Me dirijo con cuidado hacia su estudio. ¡Qué sorpresa! Todo está tan ordenado. Me imagino que en este cajón guarda todos sus escritos. Está bajo llave. No importa, forzaré el cajón. Listo.
Aquí están sus escritos, pero creo que no escribió una historia; al contrario, escribió sobre un hombre, un hombre que no soy yo. Tanto tiempo viéndola, adorándola, y así es como me paga. Tengo que destruir estos papeles.
El camino hacia su cuarto se me hace eterno, pero al fin llego y ahí está dormida, descansando como un angelito. La observo tranquila, le doy un beso en la mejilla y me retiro.
A la mañana siguiente, como todos los días, paso frente a su casa. Ahora la única diferencia es que hay un policía hablando con ella, y ella se ve un poco exaltada. Lo conduce hacia su estudio. ¿Será que no le habrá gustado que destruyera sus hojas y escribiera en otras nuestra historia?
FIN.
Escrito por: Cecilia Del Razo.
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